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Una reflexión sobre el aburrimiento y la creatividad

Una reflexión sobre el aburrimiento y la creatividad
Category: Inspiración
Date: 28 February, 2025
Author: editor

Todas las personas que trabajamos en creatividad sabemos que hay baches entre idea e idea. Bloqueo creativo, procrastinación, falta de inspiración. Son términos que circulan en redes, que todos conocemos y con los que nos sentimos identificados en mayor o menor medida. También leímos miles de tips para atravesarlos.

Pero quizás esos conceptos no son tan opuestos a la creatividad como solemos pensar. Tal vez lo sean a la productividad (esa es otra discusión). Por eso, queremos proponer otra mirada: pensar el vínculo entre aburrimiento y creatividad.


El aburrimiento como punto de partida

Era verano, teníamos diez años, estábamos de vacaciones y le decíamos a nuestra mamá un miércoles a las tres de la tarde: “me aburro”. Y ella respondía: a veces hay que aburrirse. Nos enojábamos, nos parecía injusto. ¿Por qué no podía ser todo diversión?

Pero mamá tenía razón. Hay que aburrirse.
Sobre todo para crear, hay que aburrirse.

El problema es que lo olvidamos. Porque parece que, con todos los memes, reels, posteos, tips y contenido en general, siempre tenemos algo para consumir. Y como consecuencia, sentimos que también siempre deberíamos tener algo para decir. O para crear.


Estímulo vs espacio

No estamos proponiendo una dieta libre de redes sociales ni de contenido. Claro que para crear hay que estimularse. Pero también hay que crear espacio. Y para eso, muchas veces, hay que aburrirse. O mejor dicho: esperar. Dejar que los pensamientos se acomoden, se asienten, cambien de forma.

Ahí es donde la relación entre aburrimiento y creatividad se vuelve fértil. Lo que parece un “no hacer nada” puede ser, en realidad, el espacio necesario para que las ideas aparezcan.


El arte de no hacer nada (en apariencia)

Leila Guerriero lo escribe mejor que nadie:

“Los días de leer, las horas de escribir, los incomprensibles vagabundeos por la casa, los kilómetros recorridos entre el estudio y la cocina metida en una cáscara de silencio que no permite interrupciones porque, aun cuando parece que no estoy haciendo nada, sobre todo cuando parece que no estoy haciendo nada —calentándome las manos en la estufa, contemplando el vapor de una olla— estoy escribiendo. Estoy intentando cazar un adjetivo, traer una música de fondo, mejorar una escena, entender qué tengo para decir y cómo —cómo, cómo— voy a decirlo”.

En ese “no hacer nada” hay un espacio fértil, aunque incómodo. La incomodidad nos pone en movimiento.
Es una cocina a fuego lento con sus propias reglas. Y toda una vida nos pasamos intentando entender la lógica de nuestro propio azar creativo.


No esperar el momento Eureka… pero sí el silencio

No se trata de quedarse esperando que baje una epifanía. No creemos en la pasividad ni en el mito del genio iluminado. Pero sí entendemos que, para poder crear algo auténtico, a veces hay que quedarse quieto, aburrirse, callarse. Escuchar el silencio.

Porque en esa pausa, en esa nada aparente, puede estar la chispa de algo nuevo.

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